Tuesday, April 22, 2008

Las patas cortas de Romina

Mentir es una labor sutil; es una labor que requiere constancia, buena memoria y calidad en la terminación. Para mentir hay que tener vocación, entrega: Mentir no es para cualquiera.
No voy a entrar en diferencias de género, aunque la tentación es grande: las mujeres adoran las exageraciones, mientras que a los hombres les encanta la peripecia y la complicación. Y sin embargo hay un detalle de genero relevante: los mentirosos siempre son detestables, pero las mentirosas pueden ser deliciosas.
Romina se inició mintiendo en pequeños detalles, en anécdotas inofensivas: Que te llama más tarde porque está en la peluquería, que también la compró en otros dos colores, que su abuelo es millonario, que su periquito recita. Pero rápidamente surgieron las primeras complicaciones y Romina comenzó a transpirar.
El problema principal de las mentir, es que es un recurso dinámico. Una mentira necesita siempre de otra mentira: Si compró 4 remeras tiene dinero. Si tiene dinero, no puede vivir en Fate. Si vive sobre Libertador, su padre no es remisero, su mamá no limpia casas y su hermano no vende celulares.
El problema secundario de mentir es la realidad. Las mentiras no siempre armonizan con el entorno: Usamos ese auto porque el otro está en el taller, mi mamá me espera en la otra cuadra porque no quiere saludar a nadie, le arranqué el cocodrilo porque no me gusta aparentar.
Hacía un tiempo ya que Romina había quedado al descubierto. Sin embargo, la dejamos seguir. Sus inconsistencias eran tan grandes como nuestras carcajadas, y lentamente se fue hundiendo con nuestras preguntas ponzoñosas e investigaciones descaradas.
Sumida completamente en una rutina de espejismos y alucinaciones, Romina perdió por completo el sentido de la realidad e inauguró oficialmente el Festival Nacional del Delirio. Tuvo algunas creaciones memoriables: Su viaje al concurso de trineos en Canadá organizado por el fan club de Bryan Adams, su trabajo de modelo en las publicidades de Caro Cuore y sus romances con el chiquito de Brigada Cola y Ricky Martin.
Finalmente llegó a hacer cosas atroces: Saliendo del colegio luego de rendir materias, sentimos un murmullo detrás de un arbusto. Entre las hojas, apareció una mujer mayor. Se disculpó por no traer la dentadura puesta, mientras se cubría la boca, avergonzada. Estaba nerviosa, se peinaba el pelo de virulana y se acomodaba un batón floreado y vulgar. Nos pidió noticias de Romina, que todavía rendía exámen adentro; era su mamá. Nunca llegamos a contestar, porque su cara se se borró de un tirón. A lo lejos, su hija la arrastraba de un brazo, furiosa, herida, con el llanto atragantado en el alma.
Romina se desvaneció y no la vimos en mucho tiempo. La encontramos dos años después: se había platinado el pelo y cantaba Madonna con voz de pito. Cuando llegó el primer café, ya había arrancado con el relato del viaje a San Francisco. Era la misma de siempre. Nuestra Romina, la mentirosa.

Poderoso caballero Don Dinero

¿Puede confundirse una vista al Llao Llao con amor verdadero? La respuesta es sí.
Cuando yo era chica, tenía una compañera de colegio, que tenía la Mansión Barbie y una caja de lápices de 320 colores. En ese momento, mi inocencia arrojaba una reflexión que más tarde supe falsa: Había una suerte de justicia divina, ella tenía lápiz dorado y plateado, pero era fea.
Mas adelante, la máxima sufrió una mutación: Billetera mata galán. Las feas adineradas casi nunca saben lo feas que son. Por extensión, no son feas.
Supongamos que hay tres vías para conformar la imagen que una tiene de sí misma, es decir, para saber si una es linda o fea: Referencias, feedback y experiencias.
En el caso de la fea adinerada, las referencias (Lo que la sociedad indica como bello) están distorsionadas. La publicidad dice que si tenés un Citroen, tenés a a Brad Pitt. Si comprás Revlon, parecés Halle Berry. Ella tiene el Citroen y tiene cosméticos Revlon. Tiene la ropa que usan las modelos, el último corte de pelo y la gimnasia de Algas Modeladora Laser Infinito Triple Punto Rojo. Conclusión: Ella es modelo.
El feedback es aún más confuso. De pequeña nadie le dijo que era fea porque todas querían jugar con la casa de Frutillitas. Por ejemplo: Una amiga pasa una tarde en casa de la fea. Toman sorbete de agua de rosas, las abanica una niñera y juegan con el parque de diversiones Pin y Pon. La invitada la pasó tan bien, que su reflexión es engañosa: Con la fea me divierto más que con otras. La fea es mi mejor amiga.
En cuanto a la experiencia, no queda mucho más por decir: La fea siempre tiene un novio presentable, que la adora y que la mira como si fuese linda. ¿Cómo no creer que es amor, si ella le compro tardes naranjas en la Polinesia, sábanas suaves y calientes, veranos bajo el sol brillante de Punta del Este, un auto con un moño multicolor en el techo? ¿No es más fácil enamorarse cuando todo está resuelto, cuando no hay contrariedades? Así y todo, nadie engaña a la fea. El novio siente amor, las amigas, cariño. La razón es otra, pero no importa demasiado. ¿O no tenemos todas una amiga con la que sólo compartimos el pasado y la tradición?
Destino maravilloso el de la fea adinerada. Ser fea sin serlo. Qué más se puede pedir.

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La rutina y las chirimoyas

Martín decidió que no fuésemos más amigos y pensó lo mismo que yo: Somos iguales, esto va a ser genial. Hablaremos de Seinfeld, de Truffaut y de Borges. Defenderemos a Spielberg ante los románticos. Nos reiremos de los ecologistas y de Ricardo Arjona. Compraremos chirimoyas y mirin en el Chinatown. Veremos DVDs subtitulados sólo en inglés…. Como antes, pero mejor.

Un mes después, la realidad se nos vino encima: La vida es más vulgar de lo que uno cree. Hay mucho de chirimoya, pero también de esto:

10 peleas eclécticas acerca de la rutina y otras curiosidades:

  1. ¿”Mandar a dormir al living” es un derecho de la mujer o hay que ponerse de acuerdo primero?
  2. Si uno de ambos se viste mal o se pone cualquier cosa: ¿Habla eso indirectamente del gusto del otro?
  3. Si cenas en la cama y usas bandejas: ¿Hay q poner individuales tambien?
  4. ¿Qué es mas terrible? Tirar hisopos en el inodoro o dejar botellas de gaseosa vacías debajo de la cama?
  5. Si tenés unos kilos de más y para la medicina no calificas como gorda… ¿Sos gordita o no? ¿Hay un título intermedio que se llama “unoskilosdemas”? Si cruzás mal la calle y un automovilista se enoja… ¿Gritaría gorda?
  6. El lavadero comienza a traer la ropa a domicilio. Ante la desaparicion de la tarea “Laverap” ¿Todas las tareas deben ser reasignadas o queda uno con menos tareas porque tuvo buena suerte?
  7. ¿Ese actor es o no es Armando Bo? Si es, ¿Quién de los dos es mejor fisonomista?
  8. Si el acuerdo dice que cuando cocino no se empiezan partidos de ajedrez nuevos… ¿Qué pasa cuando terminas uno y tu contrincante pide revancha? Aun sabiendo que es honorable darla ¿Hay q negarse? ¿No cuenta como el mismo partido?
  9. ¿Me debería gustar Marat Safin, que revolea la raqueta y se pelea con el público o Andy Roddick, que rescata gente de un incendio?
  10. Si las plantas son tus hijas y uno de los dos deja de cumplir con sus deberes.. ¿El otro es padre soltero?

piensaspiensarecordrecordsgrabaractivismoantisemitismo construccionviolenciasteatroscorrectovisibledictadura musicalterroristastelevisivoeconomiastraficotrollstortura solidaridadreligionessectasfrancmasonerialaicismo politicodemocraticoCamino del Cid

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La chica que entendió todo

Todos conocemos a una mujer que sin ser hermosa tiene siempre un enjambre de hombres alrededor, y para todos, es un misterio cómo una chica tan común despierta tanto interés. Sin embargo, si observamos aplicadamente sus movimientos, sus gestos, la forma de sonreir, de suplicar, llegamos a una conclusión esencial: hay un montón de tretas, ardides, y hechizos imperceptibles propios del género femenino, que ella entendió, y que nosotras no conocemos.
En las películas, cuando el héroe es dotado de sus poderes no sabe manejarlos: arroja la telaraña demasiado lejos, rompe algo que sólo debía acariciar, o incendia un objeto con la mirada. Es por esto, que antes de utilizar sus dones en el mundo real, el héroe debe practicar en el anonimato; y esto significa conocer sus límites, sus virtudes y su fuerza.
La rutina nos ofrece, todos los días, la oportunidad de investigar una herramienta que nos será útil para toda la vida: el don intrínseco de ser mujer. Y con “ser mujer” me refiero a brindarle al hombre la oportunidad de ser todo lo animal que necesita. Porque los hombres manejan su cerebro, pero somos nosotras las que gobernamos su instinto.

2. Desglose y ejemplos

Para aquellas que no han tenido oportunidad de aprenderlo de sus madres, aquí ofrezco un humilde glosario de ardides propios del género femenino. Para simplificarlo, dividí el contenido en dos categorías: la básica y la avanzada, y además, trabajaremos con un ejemplo:

Queremos que Rubén, el portero, arregle el termotanque YA.

Funciones básicas:

1. Atada a las vías del tren.
Nadie quiere ayudar a una mujer independiente, simplemente porque no lo necesita. Los hombres quieren sentirse necesitados, indispensables y deseados. Es necesario crear el rol del salvador y dejarlo vacío., y sus alborotadas hormonas lo empujarán a ocuparlo.
Frase recomendada: “No tengo a nadie que me ayude”
Ejemplo: “Rubén, se rompió el termotanque y no tengo quien me ayude, yo vivo sola”

2. El sapo y el príncipe.
Desde el primer momento el portero no es el portero, es Marlon Brando, Albert Einstein y Hulk. Vos no tenés nada de lo que se necesita para este trabajo y él sí. El puede, el sabe, el quiere. Nosotras no sabemos, necesitamos, admiramos.
Frase recomendada: “…Y yo no se nada de eso, soy nena”
Ejemplo: “Rubén, necesito su ayuda, Ud. sabe de estas cosas, yo ni sé ni tengo tanta fuerza como Ud!”

3. Si querés llorar, llorá.
Si nada está resultando como esperabas, rompé a llorar desconsoladamente. Es importante prescindir de gritos, histeria o escenas descontroladas, porque los hombres detestan el quilombo. Lo adecuado, son sólo unas lágrimas delicadas secadas pudorosamente con un pañuelo o la mano.
Frase recomendada: Decir “no estoy llorando” mientras llorás.
Ejemplo: No se preocupe Rubén. No, esta bién… Si, no me pasa nada. Ya veré como me arreglo. Gracias.

Funciones avanzadas:
1. Crear apodos.
Se puede apelar a un apodo recién inventado para crear complicidad e intimidad con el sujeto.
Ejemplo: Rubén, Benny. Le puedo decir “Benny”, no?

2. Descalificar a otro hombre.
Otra idea que funciona muy bien, es manifestar que todos los demás hombres son inoperantes, ignorantes y estúpidos compados con él.
Ejemplo: Benny, yo podría llamar a un plomero, pero y si me hace cualquier cosa? Yo preferiría que Ud. lo viese primero, no sé si confío en esos atorrantes…

3. Formar alianzas.
Este es un recurso más complejo pero con resultados formidables. Odiar a quien él odia asegura un lazo único.
Ejemplo: Benny, el otro portero me dijo que era la llave, pero yo no quiero hacer nada antes de que Ud. lo vea, porque me da la sensación de que ese hombre no sabe lo que dice.

4. Ser graciosa.
Este es un recurso natural que queda reservado sólo para aquellas que son naturalmente graciosas. No hay nada menos estimulante que un chiste fuera de tono, o desubicado.
Ejemplo: Benny, si ud no viene hoy rezaré a diario para que Boca gane el clausura.

5. Insinuar.
Personalmente, yo no manejo muy bien este feature porque aún soy torpe. Lo he visto, y es una inversión de alto riesgo que paga estupendamente bien, sin embargo, insisto, no es para principiantes ni improvisadas.
Rubén: ¿Podrá Ud. venir a ponerme el cosito hoy a la tarde? El cosito del termotanque que tiene forma de manijita… No me puedo bañar y estoy sucia…

He intentado verter aquí todo el conocimiento que aprendí de la vida. Sé que practicando con tenacidad ante cada hombre lograremos llegar a ser la chica que entendió todo.
Solo resta hacer una última salvedad: todo super héroe tiene su kriptonita, y este caso no es la excepción. Si te enamorás, los poderes se pierden, y en muchos casos no manejas ni su instinto, ni el tuyo.

Costumbres femeninas III

3 verdades sobre la Universidad:

a) Al salir de un exámen, las mujeres aseguran sollozando que les fue mal. Después se sacan 9.
b) Durante las clases, las mujeres anotan todo lo que dice el profesor.
Los hombres ponen la fecha y juegan con la birome.
c) Las mujeres necesitan seducir al profesor. Aún si él tiene 90 años

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Trauma infantil

Apenas el primer bocado de un nuevo alimento roza mi boca siempre me asalta el mismo pensamiento: Cómo se podría hacer una versión “light”. Dicho pensamiento sólo se detiene luego de considerar todos los sustitutos y modos alternativos de cocción existentes. Después viene todo lo demás: Si es rico, si es dulce u otros detalles.

La profunda

Llámese “la profunda” a aquella mujer que cree que todo es cuestión de intensidad, que se empeña en vivir en la oscuridad, que siempre anhela el reverso. A las que adoran lo tortuoso y complicado, lo imposible y lo prohibido. “La profunda” quiere ser intelectual, quiere hablar de cosas importantes y “con sentido”, cree que hay películas y libros con y sin mensaje y cosas por el estilo.
Aunque en principio parezca compleja, su escala de valores es muy simple y se puede entender fácilmente con el siguiente cómputo:

Al conocer a un hombre:
Si se viste de negro, + 1.
Si es misterioso, oscuro y torturado, +17.
Si eventualmente quiere casarse, -6.
Si tuvo un episodio de sobredosis, +13.
Si tiene un perro con nombre de escritor: +1,5.
Si está deprimido, +4.
Si se levanta temprano, -2.
Si tiene locos en la familia o una madre alcohólica, suma 20. Otros familiares, no computa.

Al estudiar (Supongamos, teatro):
Si el profesor es hombre, +1.
Si la clase es de noche, +1.
Si el profesor fuma mucho, cita a Artaud y detesta el método, +7,5.
Si es optimista, -1.
Si el profesor la arrincona, +2
Si el profesor encima es casado, son 4.
Si a fin de año estrenan “Las alegres comadres de Windsor”, -10. Si eligen “Closer”, +5, Si hacen un espectáculo independiente de danza con diapositivas y textos de Néstor Perlongher, + 20.

Al leer un libro:
Si tiene “mensaje”, +5.
Si es francés, +1.
Si se hizo la película en Hollywood, -4.
Si es de la década del 60, +3,5.
Si los personajes fuman “Gauloises”, +5.
Si el autor esta muerto, +1.
Si el autor era católico, -2.
Si el autor se suicidó, +13.
Si no lo entendió, +20.
Extras: Si incluye episodios de soledad urbana, sexo en baños con desconocidos, frases de amor brutal o beatnicks, 0.50.

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La bestia bruta

Cada vez que toman lección la bestia bruta transpira como un animal. Si bien sabe cuánto estudio, está segura que cuando la llamen empezará a balbucear pavadas, una brutada tras otra. Jamás podrá deducir, interpretar o encontrar la lógica de algo. Lo poco que se pega a su cabeza es por gracia de la memoria, que tampoco es nada del otro mundo.
La bestia bruta es metalera o le gusta la música latina (Ella le dice melódica). Adora los programas del mediodía, los que tienen concursos, números musicales y entretenimientos variados (Mira por ejemplo el laberinto de perros de Susana Giménez, el show del Chiste y la novela “Pasión de Gavilanes”), escucha la FM HIT y llama para votar los temas, y delira por Gustavo Bermúdez, Pimpinela y Valeria Lynch.
A la bestia bruta le gustan las frases y las citas, y las memoriza o las escribe en un cuaderno. Le gustan los señaladores con perros y muñecos que dicen cosas de amor y de amistad. Dice que le gusta leer, pero que prefiere revistas. Su libro preferido, es “Relato de un náufrago” y las novelas románticas.
La bestia bruta no es vaga, no es buena en nada pero se esfuerza. Estudia repitiendo sin parar pensando que esta vez quizás apruebe, pero nunca pasa. Probablemente repitió una o dos veces en primaria y le molesta profundamente levantar la mano a principio de año, cuando preguntan quien es “repetidor”. Finalmente todas las bestias brutas o abandonan, o terminan en un secundario nocturno acelerado.
Para la bestia bruta los idiomas son imposibles. La mandaron a inglés siete años pero apenas si pronuncia tres palabras (Ticket, small y sorry – tiquest, esmol y zorri-). Tampoco es capaz de ser prolija: Se le explotan las biromes, se le desplancha la pollera, tiene fea firma, letra de varón y usa muchos ojalillos. Todo lo que escribe está plagado de errores de ortografía. Usa mal muchas palabras y dice barbaridades como “ninodoro”, “mongólico”, “manipulear” y “Spielbert”.
En el trabajo, la bestia bruta es vendedora, está en la balanza de verduras del supermercado o es administrativa en un geriátrico. Siempre le cobra mal a los clientes pero lo dice convencida. Cuando la corrigen se pone colorada y se enoja un poco, porque le molesta ser siempre la misma burra.
La bestia bruta está de novia siempre con alguien del barrio. A él le gusta correr picadas y el fútbol. Toman mate y comen facturas sin parar mientras miran Telefé y dicen burradas.
La bestia bruta es así. Espantosa.

La que enrolla y la que abolla

En el baño no importa si sos alta, delgada o rubia. No cuenta tu título, tu saldo bancario o el auto que manejás. En el baño todas las máscaras caen. En el baño es donde se ve, que clase de mujer sos.

De las que enrollan:
Las solteronas, las enfermizas, las abanderadas, las anoréxicas, Jaqueline Onassis, las perfectas, las hijas únicas, las de pelo muy lacio, las que toman té, las que no fuman, las delicadas, las japonesas y Carolina de Mónaco.

De las que hacen bollito:
Las inquietas, las histéricas, Juana de Arco, las prácticas, las desprolijas, las que no hacen la cama, las despeinadas, las madres de chicos pequeños, las amazonas, las friolentas, las nerviosas, las machonas, las obsesivas, las atolondradas, las peludas y Estefanía de Mónaco.

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Revelaciones

Cosas que descubrí alucinando por la dieta:

1. Las mandarinas son mis amigas.
2. Las barras de cereal son peligrosas y traicioneras.
3. Todo lo que te traen en un bar con el café se puede comer y es como si no existiera.
4. Caminar por la vereda no adelgaza.
6. Pasar una navidad a dieta es como bajar al infierno y volver.
7. No hay que improvisar con las milanesas de soja. Hay que elegir una marca para que te acompañe toda la vida.
8. Las Dietéticas son una trampa.
9. Las mujeres que no hacen dieta son débiles. Hacer dieta forja el carácter.
10. Un asado es un talle de pantalón.

Costumbres Femeninas I

Curiosamente, el transporte público ofrece el ambiente ideal para descargarse. La situación suele ser idéntica: En un subte o colectivo, dos mujeres se dedican apasionadamente a hablar mal de una tercera, o para ser mas precisas, una habla y la otra asiente. Los temas son variados: La esposa vaga que se aprovecha del marido, la compañera de trabajo holgazana y faltadora, la madre severa, la jefa loca, la hermana preferida y finalmente, la vedette: la ex del novio que sigue llamando.
En general, nos gusta acordar en las críticas, mechar alguna anécdota del pasado o elaborar un análisis informal del comportamiento de la otra. Se pueden usar todas las herramientas disponibles: Chismes, teorías psicológicas, tests caseros o predicciones. En definitiva, lo que nos puede son las pequeñas cosas, el detalle. No importa tanto que te haya robado el novio, sino que se vistió igual que vos el día que lo hizo.
A quien se atreva a dudar acerca de lo dicho, solo me resta decirle que calle, mire bien y espere. En el mundo femenino, nada es lo que parece

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Problemita

Todas tenemos problemas. Algunas más, otras menos. Todas sufrimos, lloramos y volvemos a empezar, sólo que algunas más. Mucho más.
Dentro de las mujeres problemáticas encontramos una gama infinita de variantes. Por ejemplo, un caso muy común es “la peleona”, quien está dedicada por completo a los altercados y rencillas: se distancia alternadamente de las hermanas, hace una escena en la mesa de navidad y se destroza a arañazos en las duchas del gimnasio. También tenemos a “la Víctima”, que es un imán de desgracias y conflictos: le robaron toda la ropa del tender, un borracho se tiró debajo de su auto y la embistió un pájaro carpintero en el Bolsón. Está también “la llorona”, “la pandillera”, “la vieja conventillera” o “la suegra entrometida”. Pero ninguna es nada extraordinario o especial. Y hoy quería hablar de alguien fuera de serie, de una mujer que es un problema en sí misma: la embajadora de la tragedia, la emperatriz de la pena. En la cima de todas, encabezando la lista, está “Problemita”.
A simple vista, parece que “Problemita” es la reina porque siempre se entierra en un lío tras otro, pero es una verdad parcial. Problemita es la diosa del conflicto porque transforma en un problema todo lo que le sucede, y porque los problemas son la médula de su vida. Problemita adora las escenas y el llanto terminal, el instante en donde se enreda o se hunde en la arena movediza. Problemita ama padecer el vértigo de la pelea definitiva, la mirada esquiva, el murmullo cruel. Problemita solo se siente viva cuando sufre.
Entre los catorce y dieciocho años, ser amiga de Problemita significa hospedarla cada vez que huye de su casa, prestarle el camisón, escucharla llorar toda la noche, disuadirla de unirse a una secta, convencerla para se arregle con la madre y a las 6 am, darle plata para el remise de vuelta.
A los veintitantos, ser confidente de Problemita significa escuchar cómo convierte un affaire de dos días en Miami en un drama inverosímil: para ella, el amor de su vida está separado por un océano inmenso, un teléfono gélido y la pobreza cruel de no poder viajar. Es la tragedia de dos almas gemelas que fueron castigadas por el destino naciendo en puntos opuestos del planeta.
Pasados los treinta, su matrimonio tiembla a causa de un fortuito reencuentro con un ex compañero de colegio del que se enamoró veinticinco años atrás. Arrastra a su marido al mundo de la confusión y los silencios fingidos, los falsos abandonos y el divorcio interminable.
Ya divorciada y embarazada de su ex marido, decide ocultar su embarazo y ser madre soltera. Se refugia en nuestra casa y volvemos a escuchar sus penas, a consolarla y a prestarle el camisón. Y somos tan tolerantes que sólo cuando su marido irrumpe gritando a las 4 de la mañana, resolvemos echarla a patadas. La echamos porque todas tenemos problemas. Ella, el marido, la madre, el hijo que vendrá. Y nosotras también. Menos, pero nada más.

Adiós a las citas

A veces parece que antes de Martín no hubo nada. No recuerdo qué cenaba, cómo usaba las almohadas, los hábitos al comprar. Antes de Martín yo no planchaba, fumaba cigarrillos, dejaba en paz a los mosquitos y tenía citas que ya olvidé.
En cambio ahora yo soy dos. Dos entradas para el cine, dos tarjetas de Blockbuster, dos juegos de llaves, dos voluntades, doce libros duplicados, y una bolsa enorme de medias que antes fueron blancas.
Pero antes de Martín, antes de que me besen toda la cara a la mañana, antes de que me hiciesen gelatinas y me retaran por cantar mal, estaban las citas. Todas las citas que no recuerdo pero que voy a extrañar.

15 Old fashioned feelings about dating:

* La sensación de ver el nombre loguearse en el messenger.
* El desayuno con una amiga luego de las citas.
* La incertidumbre con esperanza.
* Las citas a ciegas que salen bien.
* Los detalles que dicen que sí.
* Las declaraciones inesperadas.
* La torpeza cortés.
* Los llamados inmediatos, a dos cuadras.
* La maratón de viernes 6 pm. para llegar a hacer todo.
* Los primeros días.
* La excusa perfecta para huir si todo sale mal.
* La suerte de encontrarse con un conocido justo esa vez que saliste con alguien tan lindo.
* Los silencios incómodos.
* Los llamados de varias horas.
* Las compras pre-cita. (Especialmente ropa)

Hace poco me dí cuenta que ya nunca tendría citas, que se habían ido para siempre o hasta que la paciencia de Martín nos separe. Definitivamente nadie más caminará en ralenti. O con música. O con campanas. O lluvia. Porque si existiese un después de Martín, no podría haber nada.

DivorcioRenfeVírgenes negrasAromasCorchosBodegas SarmientosTempranilloTonelesSommelierSumillerTradicionTradicionesTradición Clasica ClasicoJardinPlantasCespedCalendarioJardinerosJardineras JardineraCrasasPinchosFloracionAlbuferaArrozales

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la ppeerrddeeddoorraa

K. espera sentada en el acogedor living de su profesor particular. Sabe que se quedó dormido de nuevo, porque la madre intercala huidas al cuarto del muchacho con sonrisas disculponas y risitas verguenzudas. Para pasar el tiempo, mira una vez más el living que conoce de memoria: Los almohadoncitos en forma de caramelo, las cortinas floreadas, las fotos familiares, el pato de porcelana y la caramelera llena que quisiese arrebatar.
Mirando la colección de pequeños perritos de cristal, un llamado interrumpe su letargo: “¡Gorda, negra, acá!”. K se hunde en un silencio aterrador mientras la frase resuena en su cabeza. No puede creer lo que acaba de escuchar hasta que lo escucha de nuevo: ¡Gorda y negra dije, carajo! ¡Ya acá!”. K mira alrededor. Es evidente que no hay nadie más allí. Se incorpora lentamente y camina hacia la cocina con los ojos llenos de lágrimas. Mientras se seca la cara, el profesor la choca en la puerta. De repente, siente un golpe rápido y brusco en las pantorrillas que la desequilibra: Dos perras están atropellándola. Una es manchada y exageradamente rechoncha y la otra es un pastor belga de impecable pelaje negro. El profesor la mira mientras acaricia a los animales y calla, compasivo.
Definir el concepto de perdedor no es tarea facil. Existe un componente concreto y uno místico que convierten a un ser humano cualquiera en un anecdotario de fracasos personales. Podríamos decir que un perdedor es un fracasado, un segundón, alguien patético. Básicamente, un perdedor es aquel que no logra ejecutar o conseguir nada bueno o deseable. Pero por otro lado, ser un perdedor es una abstracción, una percepción social: Se tilda de looser a aquel que no es capaz de disimular sus defectos, maquillar sus fracasos o dibujar situaciones tristemente insatisfactorias.
Sabiendo esto, podemos concluir en que una perdedora-perdedora es aquella que conociendo su condición, ya está rendida. Es una persona que jamás fracasa, porque no lo intenta. Sabe de memoria que es una segundona irremediable, una patética vitalicia. Tanto lo sabe, que lo ha olvidado. La derrota es para ella un hábito, no conoce otra cosa. Es tan grande su conformismo que ni siquiera se permite desear algo valioso.
Por ejemplo: A una ganadora, se le declara el más lindo del curso. A una mujer común puede pasarle o no. Una perdedora sueña que le sucede, todos se enteran y le leen el diario íntimo en clase. En cambio, una perdedora-perdedora jamás se fija en el más lindo. Va derechito al gordo paticorto dos años mas chico.
Así, K predeciblemente elegía siempre lo que no había nacido para ser elegido: Se volvía loca por el rubio de 90210 y el oriental de “Comando Especial”, su comida preferida era el chop suey y el budín de pan, tocaba la pandereta en una banda, prefería la ropa usada a salir de compras, se comía los bombones feos de la caja de “Garoto”, le gustaba el fiat 600, quería ser enfermera, en el trabajo era suplente y no la dejaban pasar en algunas discos.
Pero jamás fue un problema, porque al cabo, que ni quería. Amparada bajo el lema de “Sobre gustos no hay nada escrito” debe aun dar vueltas por Buenos Aires, como tantas otras, repitiendo con los ojos en el piso: “Y bueno, a mi me gusta”.

Laura, Sofía, Mariela, Cecilia. Todas conocemos una mujer que nos hace morir de envidia. Una mujer que jamás se despeina con el viento, que nunca se mancha con salsa, que tiene dos hijos educados y preciosos, que trabaja de lo que siempre soñó. Una mujer cuyo novio lava los platos y jamás sale de noche sin ella. Una mujer perfecta, que claro, por supuesto, no somos nosotras.

1.
ELLA tiene una camisa blanca y siempre está impecable.
NOSOTRAS tuvimos una. La manchamos esa vez con un churro y nunca salió la mancha.

2.
En SU cartera siempre tiene una cartuchera, pañuelitos descartables, boletos de subte extra, base de maquillaje y una foto del novio.
En la NUESTRA cartera hay biromes reventadas, un bollo de papel higienico, una manteca de cacao sin tapa con tabaco pegado y una foto de cuando mas gordas estabamos para mirarla si quisiéramos comer.

3.
ELLA tiene un chocolate en la cartera y cada tanto corta un pedacito.
NOSOTRAS tuvimos una lesión en la laringe por no masticar el Toblerone

4.
ELLA jamás tiene el esmalte de uñas saltado.
NOSOTRAS jamás tenemos uñas. Nos las comemos desde prescolar.

5.
Cuando ELLA usa zapatillas “ALL STAR” parece una rockera.
NOSOTRAS obreras.

6.
ELLA está dorada por el sol.
NOSOTRAS estamos manchadas por el peeling químico del Instituto del Quemado

7.
A ELLA, la descubrió Pancho Dotto comiendo un helado parada en la puerta de una Disco.
A NOSOTRAS, nos descubrió Alberto Cormillot comiendo un helado en paradas en la puerta de la heladera.

8.
Cuando ELLA fuma, parece Marlene Dietrich
NOSOTRAS, Jorge Lanata

9.
SU perro salió en el diario por rescatar a un niño de un incendio.
NUESTRO perro fue sacrificado en el Instituto Pasteur por mutilar a un anciano.

10.
A ELLA en el test de orientación vocacional le salio diplomática, abogada o quimica
A NOSOTROS, leñadora.

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De soltera a solterona

Cuando una es soltera y pasó los 23, el supermercado puede ser una experiencia devastadora.
En principio, porque toda ida al supermercado implica una peregrinación. No importa cuánto quieras comprar, finalmente siempre lleva una hora: Los productos estan lejos, la gente deja el carrito en los pasillos y las cajeras son lentas. En segundo lugar, porque ir al supermercado es una dura caminata por un mundo para dos: envases familiares, ofertas 2 x 1, promotoras de “Tiempo Compartido” y paquetes de un kilo.
Así y todo, las compras son un infierno por otra razón: Está cientificamente comprobado que en el supermercado, la soledad de una mujer es directamente proporcional a las probabilidades de toparse con una joven pareja de compras. A mayor soledad, mayores chances. Quieras o no, vas a terminar estacionando el carrito al lado de los novios mas enamorados del mundo.
Dicho esto y de acuerdo a la fórmula, por azar o fatalidad, terminas detrás de ellos dos, de aquí en adelante, Perfecto y Perfecta. Ella es preciosa, viste ropa exclusiva y es, obviamente, la más delgada. El es Cary Grant.
Buscando sufrir, hacemos aquello que no deberíamos: Mirar lo que están comprando. El impacto es inmediato. El contraste, infinito. Cada producto que llevan te hace sentir más sola. Ellos tienen vino tinto y un video. Vos sopa deshidratada y soquetes térmicos. Ellos compran carne para el asado, un paquete de yerba mate y espuma para baño. Vos comprás hamburguesas congeladas, café instantáneo y polvo desodorante para pies. Sus packs dobles de yogur se ríen de tus solitarias botellitas, su bidón de agua mineral mira con soberbia a tus juguitos enanos y sus almendras con chocolate gritan noche de amor. Todas las ofertas les calzan como guante: El desodorante de mujer regala una colonia para él, los tampones sortean un viaje a París y con los puntos de la tarjeta consiguen una frazada de dos plazas.
Cuando la angustia te asfixia y estás a punto de llorar ves que alguien está peor: Una joven mujer pelea con su madre en la caja. Aliviada, pensas que al menos vivís sola. No está tan mal, no hay que compartir el baño, no cocinas para nadie, y si querés no te depilas.
Apenas te sentís mejor, aparece Cary arrastrando una bolsa gigante de Dog Chow para cachorros. El Labrador del paquete te mira con sus ojazos negros y te sentís la más perdedora del mundo. Falta que compren pintura blanca para el cerco. Pero no van a vencerte, ya estan terminando de embolsar y el peligro pasó. De hecho, volvés a sentir una brisa de paz. Vas a meterte en la cama con tus medias nuevas y una taza de capuccino instantáneo. Sos joven, hay tiempo, ya tendrás tu principe azul.
Te acercas a la caja, y descargas tus cosas mientras Cary y la delgada terminan de embolsar sus cositas. Él le da su tarjeta de crédito a la cajera. Vos descargas tus croquetas. La cajera pregunta si quieren cuotas. Vos disimulas tu adelgamate. La cajera lo mira, y le pide el número de cédula. Perfecta se adelanta y lo dice de memoria, y todo se vuelve negro, y dejás de oir.

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Pavita Real

Si tuviéramos que elegir un recuerdo entre todos los recuerdos, el mejor episodio de nuestras vidas, el más perfecto, el más intenso, lo natural sería elegir el nacimiento de un hijo, un viaje muy especial o el primer beso; pero si de “Pavita Real” se trata, la elección seria bien diferente, “Pavita Real” recordaría las tardes que de niña se perdió en la playa: el calor continuo, los aplausos desesperados, el pánico de su familia y el sonido del mar. Hombres, mujeres y niños reunidos solo para atenderla, socorrerla, mirarla. Y en el centro de todas las miradas, ella, iluminada majestuosamente por el sol.
Se llama “Pavita Real” a la maniática obsesionada con ser el centro de atención en todo momento y todo lugar, pase lo que pase, caiga quien caiga. Capaz de llegar a límites absurdos con tal de acaparar las miradas, la pava es, en realidad, una víctima de su compulsión por llamar la atención. Puede llegar a un asado enfundada en una micro-mini dorada, sostener una relación cruda y dramática sólo para poder contarla o emborracharse en el bautismo de su ahijado.
En general, su metamorfosis está asociada a un suceso en la niñez en donde se sintió relegada, por ejemplo, el nacimiento de un hermano. En ese momento, la pava siente que debe cederle a un intruso la mitad de lo que legítimamente le corresponde: el cariño y la atención de sus padres, y desde ese evento, se obsesiona con volver a ese estado ideal en donde era adorada, consentida, admirada.
De pequeña, “Pavita Real” amanece acostada en la cuna de su hermano, sopla las velitas en cumpleaños ajenos, se pintarrajea y baila con la ropa de la mama en todas las cenas familiares o se traga unas canicas a propósito. Cuando la reprenden, se encierra en el cuarto a llorar y a fantasear con la idea de morir o sufrir un accidente atroz para hacer escarmentar a sus padres y se imagina convaleciente perdonándolos por no prestarle la atención debida.
Ya más grande, aparece en el colegio con anteojos, yesos, y aparatos dentales hechos con clips. Finge tener problemas de aprendizaje, tomar anfetaminas, haberse cortado las venas, ser vegetariana, una chica peligrosa y finalmente extraterrestre.
Hoy, que ya es una pava enorme y llena de plumas, llega dos horas tarde aún cuando tiene las entradas para un evento, se desmaya en el casamiento de una amiga, se pelea con el novio a los gritos en un restaurante, y nunca sabe si está embarazada o no. Pero a esta altura, otra es la historia si a pesar de sus intentos no consigue captar la atención deseada. Sin premeditarlo, se entrega espontáneamente a su empresa con inagotable tesón, y en ese momento es capaz de hacer cualquier cosa: llegar vestida de satén blanco y tul a tu casamiento, tomarse un frasco de pastillas y desconectar el teléfono, frotarse contra el padre de su novio en sus bodas de oro o simplemente enfermarse en donde esté. Con “Pavita Real” no hay salida. porque si no la miras, te va arruina las vacaciones, el cumpleaños o la cena.
Para “Pavita Real” no hay fronteras, una vez conquistado el terreno privado, sueña con el mundo. Quiere ser actriz, cantante o modelo, da igual, no le interesa actuar ni cantar, su vocación es ser famosa. No concibe mejor destino que el de ser fotografiada desde un helicóptero el día de su boda o ser sorprendida en topless y anteojos negros. Por la noche, ya arropada y dispuesta para dormir, se auto entrega el premio Oscar, piensa diseñadores para el vestido y recita el discurso de agradecimiento mientras la sorprende el sueño.
Mañana la espera un largo día, lleno de nuevos desafíos para llamar la atención, para ser el foco de interés. Pobre “Pavita Real”, pavoneándose por sus pavas plumas, tan vistosas, tan coloridas pero tan vacías, tan estúpidas.

La acaparadora

Dicen que la medida del amor es amar sin medida, pero no es más que un decir. La realidad es que la falta de mesura en el amor saca de quicio a cualquiera.
La peor parte de tener una amiga es soportar su patética femineidad: sus interminables relatos de relaciones truncas, la historia del novio casado que nunca se divorcia, la del amante que no quiere compromisos, la del que vive con la madre o la del que se asustó y huyó. Sin embargo, como todas atravesamos fases de reiterativo patetismo y nostalgia, tenemos que escuchar.
Pero hace diez años, descubrí un tipo de amiga que necesita demasiada contención, demasiados abrazos, demasiados consejos; una amiga que, precisamente, tiene un problema con la cantidad: la acaparadora.
El último día de clases de cuarto año María llegó al colegio con una sonrisa idiota en la cara y un temblor adolescente en todo el cuerpo. Esa tarde, la escuchamos con el hartazgo silencioso de quien se resigna: “Creo que estoy enamorada”, y como siempre, después vino el festival del delirio, en el que no faltaron fantasías con bodas relámpago, vendettas familiares o disculpas con serenatas.
Normalmente tragábamos saliva escuchando sus anhelos desopilantes y jamás censurábamos sus pavadas imposibles. Sin embargo, esta vez fue especial; sus novelas delirantes nos tenían hartas. La medida de su amor no tenía medida; y eso quería decir que los únicos de quien no se enamoraría ese año eran Pelotín -un entusiasta de las tortugas ninja- y Casparri, -el fundador de la patrulla rescatadora de animales.
Ese día nos dimos cuenta que María, nuestra amiga enamoradiza y soñadora, era en realidad una acaparadora, una torpe coleccionista de amoríos unilaterales; y esta revelación nos planteaba una disyuntiva: elegir entre su amistad o una posible relación.
Como María, una amiga acaparadora es aquella que cree que todos los hombres que acaba de conocer son el amor de su vida; amor que nos confiesa como si revelase algo insólito e inesperado. Confesión que funciona como una cláusula preventiva, una orden de restricción amorosa: como ella lo vio primero no podemos mirarlo. Aún si nos enamoramos, a pesar de que él nos corresponda, así sea la primera vez que nos pasa. Es de ella; aunque él no la conozca. Ella “cantoprí”, porque lo vio primero; a ese y a todos los demás.
No obstante, todo este circo hubiera podido ser divertido, o cuando menos pintoresco, si no hubiera sido por sus absurdas represalias. Para María, por ejemplo, no era suficiente someternos a un celibato involuntario. Una sonrisa sospechosa o un gesto cortés eran un pasaje directo al infierno. Si teníamos la trágica suerte de que su amor nos cortejara, inmediatamente podíamos sentir sus ojos reclamones clavados en la nuca, o el clamor de sus regordetas esperanzas sonando en los pasillos. Sus sollocitos justicieros se escuchaban en cada línea de teléfono, en cada escalera y en cada baño del colegio: “¿visteloquemizo, visteloquemizo?”, “comopudocomopudo”.
También fuimos víctimas de misteriosos silencios. De repente María desparecía o dejaba de llamar, y unos meses después, descubríamos que le habíamos prestado la boligoma al petiso del otro curso, que nos habíamos cruzado con su vecino o que habíamos viajado en el ascensor con el pelirrojo del otro curso.
Unos años más tarde leímos su diario, una suerte de “Dallas” privada, llena de hombres buenmozos, tórridos romances y malas intenciones. Recreamos la infinita historia de sus amoríos frustrados y sus ilusiones atragantadas: supimos de todas las que iban con calzas a gimnasia a propósito, de las que sonreían demasiado (a propósito también), de Ricky, de Micky, del coordinador del viaje de egresados, del profesor de computación, del primo de Tomás, de Tomás y su hermano, de Tomás cuando se dejó el pelo largo, de la chica que usaba calzas a propósito delante de Tomás, de Pedro, de Pablo, de Pedro y Pablo y de cuando Tomás se puso de novio con la chica de las calzas a propósito. Pero ya no sentiamos nada, ni pena ni rencor. A esa altura, ya habíamos conocido acaparadoras en todos lados. Las habíamos abrazado, escuchado, ignorado, burlado y odiado. Porque existe una medida para amar, y es una persona. Lo demás son boberías.

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